14 de febrero de 2013

Thuruchapitas: la cantera intelectual

Publicado en Los Tiempos.

En el mundillo deportivo, en el fútbol concretamente, se denomina cantera –ese bonito vocablo que hace referencia al lugar de donde se saca la piedra, quizás para tornearla– a la sección juvenil de donde se espera que salgan las futuras generaciones de campeones y capitanes de un equipo. 

En Europa son famosas las canteras deportivas de algunos de los grandes del fútbol como el Ajax, el Barcelona o el Bayern Múnich. Por su parte, en África se sabe que los mejores atletas de distancias largas del planeta saldrán de Kenia, específicamente del Valle del Rift; mientras que en Estados Unidos, las ligas universitarias deportivas (limitadas a chicos menores de 22 años) nutren la mayor parte de las ligas profesionales de baloncesto, fútbol americano o beisbol, generando un movimiento económico importante.

Al final de cuentas la juventud suele ser la inversión más rentable, desde el punto de vista social y económico, puesto que adquirir recursos humanos ya formados suele ser más caro y generalmente no nutre el sentimiento de identidad.

En el ámbito cultural e intelectual, la figura suele ser menos obvia en términos económicos. No es tan sencillo medir los resultados a corto plazo de impulsar políticas que generen conocimiento, principalmente en actividades extraescolares, aunque a largo plazo, ya en las universidades, resulta evidente. No obstante el ciclo es parecido: si una sociedad es capaz de formar intelectualmente a sus actores estelares de futuro –a los niños– entonces garantizará éxitos futuros.

Así lo ha entendido la escritora y Premio Nacional de Novela “Erich Guttentag” Gaby Vallejo, quien lleva varios años en la lucha por desarrollar la literatura infantil en el país, pero sobre todo por crear una verdadera cantera de personas felices, y por qué no, de los intelectuales bolivianos del mañana.
La biblioteca infantil que Vallejo impulsa, Thuruchapitas, que comenzó con las donaciones personales de sus fundadores y ahora cuenta con 8.000 títulos a disposición de los chicos, ha sido reconocida ya por la Unesco y por la biblioteca de una universidad de Estados Unidos. Además, su emprendimiento ha recibido esta semana la nominación para el premio Astrid Lindgren que se entrega en Suecia en reconocimiento a instituciones o autores que promuevan la lectura. Ahora sólo falta que la reconozcan los padres de familia llevando a sus hijos.

Justamente cuando un padre escoge una actividad extraescolar cualquiera, idealmente no lo hace únicamente proyectando un ideal de futuro: “mi hijo será pintor, por tanto que vaya a clases de pintura”, sino más bien integrando un nuevo saber y una nueva experiencia en el universo del educando. Así se lograrán ciudadanos humanistas, con herramientas analíticas en diversos campos y que cuenten con un conjunto amplio de posibles soluciones a un problema. Y qué mejor forma que hacerlo mediante la imaginación y el entrenamiento, inputs inherentes al hábito de la lectura, aun siendo éste un elemento lúdico.

Thomas Jefferson, expresidente de Estados Unidos y uno de los redactores del acta de independencia, fundó una de las universidades públicas más destacadas de aquel país, la de Virginia. El edificio que el mismo Jefferson diseñó –hoy considerado Patrimonio Mundial de la Humanidad– se erigió circundando a la biblioteca, que según él, debía representar el centro neurálgico de la enseñanza, idea traída de la Ilustración.

Es de aplaudir y fomentar la iniciativa de la biblioteca Thuruchapitas, que bien podría ser considerada el corazón y centro neurálgico de los sueños de nuestros niños. Unos niños ilustrados.

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