8 de marzo de 2013

Deporte para escuchar, leer y sentir

Publicado en Los Tiempos. Ilustración: Carolee Clark. 


En las últimas semanas, el deporte ha dado titulares poco halagüeños: que si un partido de fútbol  sub-20 de las selecciones boliviana y argentina fue amañado; que si el todopoderoso ciclista Lance Armstrong admite el dopaje sistemático; que si en España se realiza el juicio -también por dopaje- más grande de la historia del deporte que involucra al fútbol, ciclismo, atletismo, remo, tenis, etcétera, y que ya se ha cobrado la vida de uno de sus traficantes; que si el gran estandarte del deporte paralímpico, Óscar Pistorius, mata a tiros a su mujer, o que en Oruro muere un niño por el impacto de una bengala en el partido entre San José y Corinthians por la Libertadores.

El deporte casi siempre refleja el estado de la sociedad y su mercantilización ha traído efectos positivos pero también perniciosos, sobre todo aquellos existenciales que tienen que ver con la codicia humana. Aun así, la cultura del ejercicio físico no se reduce a los millones de dólares que mueven las casas de apuestas o los magros beneficios de Nike. Afortunadamente las historias positivas de los seres humanos y las sociedades son muchísimo mayores y reseñables que las negativas, aunque no siempre tan aparatosas y mediáticas.

El deporte puede disfrutarse practicándolo, mirándolo, conversándolo. Cómo negar el bello disfrute de los paisajes de la campiña francesa, con poéticas y bucólicas tomas desde un helicóptero que sigue a esforzados ciclistas que nos alegran las mañanas del mes de julio durante las tres semanas que se realiza el Tour de Francia. Cómo no sentirnos contentos al observar la expansión del interés por compartir una actividad física placentera en el espacio público, como lo hace la gente de “Masa Crítica Cochabamba” grupo autodefinido como de “ciudadanos movilizados a propulsión humana sobre una, dos o más ruedas”. Su aspiración es lúdica y medioambiental, libre de competición y abierta a la espontaneidad. Igualmente es positiva la pluralidad de ofertas, que van desde los deportes extremos hasta las repletas canchas de pelota frontón los sábados por la tarde.

La mirada del deporte está cambiando y cada vez lleva más a la apertura, al deporte popular, ese de seres humanos, como usted o como yo. Ese deporte que a pesar de las dificultades económicas bate récords de nuevos acólitos, ese deporte popular que arrastra a miles y miles de corredores no profesionales, corredores que lo son únicamente al salir del trabajo y cuando sus ocupaciones se lo permiten. Esos que compiten consigo mismos o con el vecino.
Y hasta se puede disfrutar de la actividad física a través de la percepción, a través de la lectura o de la escucha. Jugando al futbolín o mediante relatos –no necesariamente aquellos de marcas sino de detalles y situaciones humanas– como por ejemplo aquellos alrededor de Messi o del finado exportero del FC Barcelona, Enke en la revista peruana Etiqueta Negra o el excelente libro de crónicas ciclísticas "Plomo en los bolsillos" del escritor vasco Ander Izaguirre. Es justamente en esta línea, la de contar historias laterales, donde se ha especializado y consolidado la revista española de crónica deportiva Panenka, mostrando el revés de las historias.

Historias que no son otra cosa que las herederas directas del gran cronista por antonomasia: el locutor deportivo de radio, quien tiene que maximizar su labia y creatividad para narrar –y capturar a la audiencia- a través de su imaginación.

Ese es el deporte del pasado, del presente y del futuro: el deporte para escuchar, para leer y para sentir. 

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