6 de abril de 2013

La autoestima y los Hombres Nuevos


Publicado en Los Tiempos.
La autoestima en Bolivia seguramente es un problema nacional de larga raigambre y que no solamente se debe a la ausencia total de deportistas con medallas olímpicas o cineastas con una Palma de Oro en Cannes.
La autoestima más bien es un asunto crítico en el apartado de la identidad nacional.  Según el estudio “Causas estructurales del conflicto y falta de entendimiento entrebolivianos”, un proyecto PNUD realizado por la Fundación Boliviana para la Democracia Multipartidaria, entre los efectos negativos que origina el conflicto, uno de ellos apunta al capital social y presumiblemente tenga su origen en la baja autoestima.
Según los datos de la encuesta en la que se apoya el estudio, los bolivianos pensarían mayoritariamente (65%) que “lo que falla en el país es su gente”, percepción que se incrementa cuando el grupo encuestado proviene del área rural. La discriminación es otro elemento que aliña negativamente la construcción de la identidad nacional.
Y si consideramos el asunto del capital social, parece prudente también considerar el capital humano a la hora de pensar qué hacer para mejorar el sistema social del que somos parte.
El capital humano hace referencia al grado de formación y a la productividad que tiene cada ser humano. Este constructo teórico fue interpretado de forma muy simple y evidente por el emprendedor social Nicolás Castellanos, galardonado esta semana con el Premio Libertad concedido por la Asociación Nacional de la Prensa.
Este religioso agustino proveniente de las frías tierras del norte de España, trabajador, campechano y de trato amable, enfrentó un dilema cuando fue ordenado obispo de Palencia hace varias décadas: continuar con sus labores en aquellos territorios o emprender una nueva ruta en la lejana América Latina.
Pues con un grupo de visionarios se dirigió hacia Santa Cruz de la Sierra a finales de los años 80, más concretamente al emergente Plan 3000, barrio que por entonces acogía a 3000 familias relocalizadas por una riada. Nada más llegar Castellanos observó que la prioridad, antes que el apostolado o que otras políticas públicas, era la educación.
El resultado, casi un cuarto de siglo después, ha sido la escolarización de más de 16.000 niños, el empoderamiento de una juventud emergente y con nuevas ideas, la posibilidad de dar acceso a cultura, deportes y recreo en una sociedad donde aquello no era una opción. Hoy en día, aquel sacerdote que todavía vive en unas condiciones muy distantes a la riqueza, en una casa llamada con sorna “Palacio”, sin aire acondicionado, ni alfombras ni lujos de ningún tipo, puede afirmar que su proyecto coadministra la única Escuela Nacional de Teatro con titulación universitaria de Bolivia, el hospital Virgen Milagrosa que atiende 5000 pacientes al mes, seis colegios, 65 canchas deportivas –de donde a propósito han salido las dos recordistas bolivianas de salto de longitud y de altura en atletismo-, cinco comedores infantiles, una piscina equipada, y otros varios centros socioculturales. A Castellanos la labor con Hombres Nuevos le ha valido el máximo galardón que se da en España en materia cultural, deportiva, humanitaria y científica: el premio Príncipe de Asturias.
Un proyecto como el de Hombres Nuevos es un elemento que nos debe llenar de orgullo y un modelo a copiar, más aún cuando la mayor parte de las cabezas a cargo de los proyectos son bolivianas.
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Aquí puede ver el documental preparado por Televisión Española sobre Castellanos y Hombres Nuevos.

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