29 de junio de 2013

La revolución de las ciudades

Publicado en Los Tiempos.

Este mes Brookings, uno de los centros de investigación (think tanks) más reputados de Estados Unidos, ha patrocinado un estudio monográfico y una interesante aplicación para iPad dedicado a divulgar el poderde las ciudades como locomotoras de progreso económico a cargo de Bruce Katz y Jennifer Bradley.
La aplicación precisamente permite a los usuarios saber de las iniciativas de gobiernos locales, empresas, universidades y mecenas en diversas ciudades de Estados Unidos, y deja una puerta abierta a más aportes desde otras urbes en casos exitosos.
En Bolivia, a nuestra escala, no se han observado todavía iniciativas decididas de desarrollo local y regional que apuesten por la innovación y la atracción de talento, que integren a los diferentes sectores de la sociedad de manera efectiva. El primer paso será pues formar un microcosmos atractivo.
Hacia ese microcosmos apunta precisamente Richard Florida, otro gurú del tema urbano, quien acuñó el concepto de clase creativa, aquel referido a la migración entre ciudades y atracción de talento especialmente en ramas con un componente tecnológico, hecho que atribuye a las personas que conviven en un entorno dinámico y abierto.
Precisamente Florida ha encontrado en The Atlantic Cities una plataforma ideal para transmitir sus ideas acerca del protagonismo de los sistemas urbanos. De forma moderna y dinámica, esta revista on-line explora las ideas más innovadoras y las cuestiones apremiantes que enfrentan las ciudades y los barrios del mundo de hoy, seleccionando noticias, análisis, datos y tendencias Las oportunidades que brinda el mapeo y el manejo de estadísticas en las urbes ha facilitado la posibilidad de tomar decisiones con más precisión.
En América Latina se pueden destacar un puñado de las llamadas megápolis, aquellas ciudades que absorberán el talento y el movimiento económico a nivel continental, como Bogotá, Buenos Aires, Lima, Santiago, DF, Rio y SaoPaulo. En Bolivia ninguna ciudad ha dado el paso definitivo, pero se intuye que Santa Cruz tarde o temprano lo hará, principalmente por su poder demográfico y de creación de empleo. También pueden subirse al tren La Paz, con el fuerte impulso que da un mercado como el alteño, si es que se logran reducir las disparidades, y Cochabamba, dada su envidiable formación educativa y de desarrollo humano, respecto del resto del país.
Se puede prever que las urbes (y sus dinámicas internas) sean las unidades territoriales y políticas que apuesten más idóneamente por empresas emergentes (startups), por emprendimientos privados de jóvenes innovadores, por proyectos tecnológicos y por sinergias. Los primeros movimientos en nuestro país han venido de iniciativas –privadas  lógicamente– pero sin un terreno abonado por parte de la Administración Pública. Si estos brotes verdes surgen en condiciones hostiles, imagínense lo que podrían a llegar a alcanzar aquellos emprendedores que hacen “hackathones” y se lanzan a desarrollar ideas, aquellos que compiten con productos de software o diseños vanguardistas con gente incluso en otros países o los emprendimientos de innovación social.

Los alcaldes tienen un reto muy importante: el de asumir el liderazgo e impulsar relaciones de abajo a arriba, de estimular a aquellos órganos más vivos –los ciudadanos y sus formas asociativas con o sin fines de lucro– que las lerdas y paquidérmicas empresas estatales. Para ello basta que desde el Estado central pongan un marco institucional estable y normas que fomenten que nuestras ciudades sean un hervidero de ideas e intercambios, atrayendo a los inversores establecidos, pero principalmente a nuevos microinversores –los llamados “business angels”–, aquellos proveedores de capital que buscan surtirse de nuevos talentos e ideas, pilares para la economía del mañana. 

14 de junio de 2013

¿Ahorcamos al vasco o nos vamos al parque?

Publicado en Los Tiempos. Imagen panorámica de las áreas verdes de la ciudad de El Alto. 

Cuando se trata de medir el pulso del deporte nacional, los primeros indicadores a los que se hace caso, lamentablemente, siguen siendo el número de goles marcados o las victorias del equipo nacional de fútbol, cifras frecuentemente escasas. Nos acordamos del éxito o fracaso del modelo de gestión deportiva y de las estructuras de la educación física, cuando Bolivia pierde en las eliminatorias mundialistas o cuando, cada cuatro años, llegan los juegos olímpicos y no aparecemos en el medallero, asuntos tristes pero sin demasiada importancia .
 Pero existen muchos otros indicadores, verdaderamente más importantes que el desempeño en competiciones, en las que simplemente por gasto neto o por tamaño de población tenemos las de perder.
Indicadores de uso, por ejemplo, como la cantidad de personas que practican el deporte popular ocasional, el de esparcimiento, se ignoran. Se pueden mencionar las más de 6 millones de licencias federativas que, únicamente contando el fútbol, existen en Alemania, país con una población de 80 millones de habitantes, lo que daría a más de 8 de cada 100, contando mujeres, ancianos y niños, poblaciones no especialmente conocidas por practicar ese deporte.
También se puede tener en cuenta a la infraestructura utilizada para el efecto. Si en Bolivia tenemos a día de hoy 5 pistas sintéticas de atletismo, en Chile se puede contar el mismo número solamente entre los colegios privados de la capital, Santiago. Si analizamos el número en España, la cifra crece hasta las 3.500, y si analizamos –nuevamente– las cifras de Alemania, el número es de 35.000. Más duros son los datos de las piscinas de 50 metros, aquellas llamadas “olímpicas”: en el país únicamente hay dos, una en La Paz y la otra en Santa Cruz.
Pero quizás sea más relevante sea prestar atención a los formadores y aun a los formadores de formadores. Sigue siendo un sueño quijotesco el tener como objetivo profesional la gestión deportiva o la vida de entrenador en nuestro país, dadas las oportunidades de retribución e incluso de formación que hay en el medio, hecho que chirría especialmente cuando los más altos funcionarios del Estado se quejan de nuestro nivel. El asunto es más sencillo que un gimnasio de lujo o de pensar que somos una raza maldita. El asunto va más bien por la formación e inversión en recurso humano que propague el mensaje: el deporte es necesario para la gente, para su salud, para nuestro verdadero “vivir bien”.
 Aun entendiendo que nuestra comparación no debe ser con países ricos, porque la tendencia es al fracaso, podemos pensar en términos propios o per cápita de espacios de recreo y de deporte, como elemento lúdico. Según The Economist, las 17 ciudades más relevantes por tamaño y población de América Latina, promedian 255 metros cuadrados de áreas verdes per cápita. Esa cifra en El Alto apenas llega a uno. Y no se necesita consultar sesudos estudios, basta con el empirismo para demostrar que en esa ciudad existen poquísimos parques o áreas de esparcimiento público y quizás menos programas de promoción de actividades al aire libre.
El meollo del asunto es tener canchas de futbol llenas, promover la existencia de bicicletas en las calles, ver a la gente en los parques y tener una población saludable, orientada por monitores o formadores divertidos y altamente cualificados que hagan esas actividades divertidas y atractivas. El deporte competitivo trae sus beneficios pero también sus deseconomías de escala y efectos perniciosos como la corrupción, el dopaje e incluso la trata de deportistas jóvenes. 
El modelo estatal a seguir no es el que tuvo la Unión Soviética, no es el de las ligas profesionales europeas siquiera –conocidas por lavado de dinero-, sino por las iniciativas comunitarias, aquellas transversales que relacionan desarrollo local, empoderamiento, integración y promoción del deporte saludable.
Para hacer negocio ya están las instituciones privadas. Al Estado le basta con preparar chicos espabilados, saludables, con fuerte autoestima y con un sistema donde se valore lo que hacen.
Por eso, si me preguntan a mí si prefiero colgar a Azkargorta en la Plaza Murillo o llevar a mi hijo al parque a jugar con sus pares, me quedo con lo segundo.