10 de agosto de 2013

Opacidad a la latina

Publicado en Los Tiempos. Foto: Sergio Ribero.


Los países del hemisferio norte, especialmente aquellos de tradición protestante, pareciera que han heredado el ejercicio de la transparencia de forma más directa e inapelable, que las festivas naciones de tradición latina.
Esta semana se ha descubierto en Alemania que durante la Guerra Fría, no sólo habría hecho trampa en asuntos deportivos, como se conocía, la Alemania del Este (RDA), sino también la Alemania Occidental (RFA). Un informe preparado por la Universidad Humboldt de Berlín, revela que las prácticas poco éticas y tramposas fueron ejercitadas desde los años 50 hasta la década de los 90 a gran escala en el deporte de ese país, que casi llegó a dominar los medalleros olímpicos.
Con seguridad éste es un tema espinoso y vergonzoso para el nacionalismo germano, y va a levantar algunas ampollas. Sin ir más lejos, ya se baraja el nombre del vicepresidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach y de exfutbolistas, por haber encubierto prácticas dopantes.
No obstante, estos exorcismos son ineludibles si se pretende atacar el problema de raíz. Por contra, en España aún están poniendo excusas y tapando huecos ocho años después de que se descubriese el mayor entramado de dopaje en la historia del deporte: la Operación Puerto, que resultó en la confesión de deportistas alemanes, italianos y el descubrimiento del campeón norteamericano Lance Armstrong. En España nadie confesó y se sancionó sólo a Alejandro Valverde gracias a las gestiones del Comité Olímpico Italiano.
El ejercicio de transparencia debe trascender, obviamente el deporte, pero esto es un ejemplo de su pertinencia a todo nivel. La transparencia es más bien un tema que pasa por todos los estamentos públicos, especialmente en unos tan sensibles como el Ejército y la Policía. El deber de publicidad, respetando tiempos prudentes y la difusión de información que comprometa la seguridad nacional, es una inapelable señal de que las instituciones funcionan.
En Bolivia, no hay todavía una conciencia política que exija responsabilidades a las instituciones mencionadas. Cabe como ejemplo, la accesibilidad a documentos y archivos desclasificados de oficinas de inteligencia como la CIA en Estados Unidos o el BND en Alemania, instituciones que aun poniendo peros y a regañadientes, accedieron a publicar documentos secretos tan incómodos como por ejemplo la participación del nazi Klaus Barbie (conocido de sobra en Bolivia) en labores de inteligencia a favor de los Gobiernos norteamericanos y alemanes. El mismo hecho de sugerir publicidad de los archivos del Ejército y de la Policía de Bolivia ya es un tema tabú. Ni qué decir ya de la accesibilidad de esos documentos, por ejemplo, a 30 años de la última dictadura feroz –la de García Meza–, a través de Internet.
Será que no es un reclamo social su debate en el Congreso, esa necesidad de transparencia, que tiene la misión de registrar decisiones relevantes y sus motivaciones, para que por lo menos, aunque sea un tiempo después, se desvelen y expliquen los caprichos y excesos de las personas al mando de la fuerza y del poder, sin mantener esa opacidad tan latina que hemos heredado. 

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