6 de septiembre de 2013

La lotería de los Juego Olímpicos


Publicado en Los Tiempos.

Este fin de semana en Buenos Aires se decide qué ciudad albergará los Juegos Olímpicos de verano de 2020. Han pasado el primer corte tres ciudades candidatas y son las finalistas: Madrid, con la puntuación más alta, seguida muy cerca de Tokio, y luego Estambul, aunque todas cuentan con posibilidades.

España vuelve a presentar una candidatura, a 21 años de celebrar unas olimpiadas ejemplares en Barcelona, pero en un contexto totalmente distinto. La ciudad catalana en los años 80 era todavía una gran desconocida a ojos del mundo y en un ambiente económico muy diferente al actual. Habían puesto como eje de la candidatura, un gran proyecto de gentrificación y reconstrucción urbanística, integrando el mar en una ciudad que físicamente le había dado la espalda, beneficiando hasta entonces sólo el lado portuario.

El experimento salió a la perfección, y a partir de ello las demás candidatas –ganadoras y perdedoras– trataron de vender la posibilidad de “pelotazo” urbanístico como un hecho. No obstante ha habido casos más ruinosos como el de Montreal 1976 o el reciente de Atenas 2004 que han dejado importantes facturas por pagar durante años.

En un contexto de crisis económica sin precedentes en el último medio siglo, España se enfrenta ante el fantasma de la insolvencia, lo que precisamente ha dado lugar a una candidatura de “low cost”, usando instalaciones existentes y “reciclando” recursos en uso.

Como punto gris tiene también el lastre de la ineficiente lucha contra el dopaje, lo que puede haber afectado negativamente en las dos elecciones previas, donde Madrid perdió por muy poco ante Londres  y Río de Janeiro respectivamente.

En cuanto a Turquía, un país emergente que rentabilizaría muy ese mensaje de “Mundo: aquí estamos”, tiene en contra la inestabilidad política interna y de la propia región –al lado de Irak, Líbano, Siria o Georgia–, y la que pueda llegar en los siete años que restan, además de las dudas que puede generar su solvencia en términos económicos a la hora de poner sobre la mesa esos 14 mil millones de dólares que dicen que su proyecto costará, y su también desastrosa gestión del asunto del dopaje, con muchísimos casos positivos este año. Por el contrario, tienen a su favor la misma carta que usó Río: albergar unos juegos en esa región geográfica por primera vez en la historia, especialmente un país musulmán y lo que ello representa en términos mercantiles.

En cuanto a Japón, es el proyecto menos eléctrico, pero quizás el más realista. Ni tan caro, ni tan barato como las otras dos candidaturas, tiene como referente la olimpiada que ellos mismos organizaron en 1968, con éxito total.

En cualquier caso los tres alcaldes ya se frotan las manos. Hay estudios que indican que incluso las ciudades candidatas “perdedoras” logran beneficios en términos de imagen y sin poner un solo peso, asunto muy útil si se consideran los gigantescos costos que un evento de estas dimensiones acarrea.

En cualquier caso este fin de semana tendremos una nueva ciudad que estará en la cabeza de todos durante los últimos cuatro años de esta década.

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