28 de septiembre de 2013

Los bajos fondos del rock latino


Publicado en Los Tiempos. Foto propia.

No es usual ir a una sinagoga de noche, en el centro de Washington, DC, a escuchar un concierto, de pago, que poco tiene que ver con los ritos religiosos hebreos. Tampoco es común ver esas menorás –lámparas de aceite de siete brazos–, encendiéndose y apagándose al ritmo frenético que dicta un bandoneón, acompasado con los beats de una computadora y aderezados por una banda de rock.

Ése fue el escenario que me encontré la primera vez que vi a la agrupación rioplatense Bajofondo en directo el año pasado. Se trata, probablemente, de la banda más dinámica de América Latina en este momento, y no precisamente porque esta semana haya sido nominada a tres premios Grammy, incluyendo la categoría de álbum del año; o porque haya sido invitada hace unos meses a tocar al festival de música y artes visuales más vanguardista del planeta, el SXSW de Texas, sino por su misma naturaleza de mestizaje cultural.

El superéxito de esta banda no es tan nuevo. De hecho su líder, el argentino Gustavo Santaolalla, ya trabajó en los años 70 y 80 como productor con sus compatriotas Charly García y León Gieco y en los 90 con gente como Caifanes, Los Prisioneros, Café Tacvba, Molotov o Julieta Venegas. Ya con Bajofondo Tango Club, Santaolalla unió su talento con una exquisita selección de bandoneones, violines, bajos y samplers, contando el grupo con colaboraciones de músicos de la talla de Gustavo Cerati, Jorge Drexler o Elvis Costello. La fama se asentó rápidamente, con la llegada de su primer Grammy en 2002. La conquista del público anglosajón se dio con las consecutivas cosechas por parte de Santaolalla del Oscar a la mejor música original, por sus trabajos en las películas Brockeback Mountain y Babel, además de un Globo de Oro y un Bafta.

Y es que Bajofondo es algo más que tango argentino-uruguayo. Es música electrónica, es milonga, es hip-hop y es rock del especial. Para el que lo dude, le bastará escuchar una de las joyas que forman su nuevo álbum “Presente”: “Pena en mi corazón”, verdadera pieza épica de rock, llamada a formar parte de lo más destacado del manoseado subgénero del rock latino, una vez alejados del orbe Spinetta y Cerati y con Charly en stand-by. Y digo manoseado porque a esas grandes contribuciones, se adjuntó el cartel de otros menos virtuosos como Miguel Mateos, Vilma Palma o Enanitos Verdes, tres buenos ejemplos del estancamiento estilístico y de la falta de exploración creativa de la pasada generación, quienes una vez pasado el siglo se volvieron un tributo ochentero. En contraposición, Bajofondo nunca llenó estadios de fútbol, pero ha logrado tener un público fiel y entregado, distinto de aquellos hinchas futboleros de Los Redondos o Bersuit.

Se trata pues de un conjunto de virtuosos, aunque sin dejar de ser callejeros, y sobre todo mostrando ese congénito instinto musical que no se enseña. Porque aún cuando Santaolalla no sepa o no quiera leer partituras, no deja de ser una de las mentes más creativas y transgresoras de la música del continente. Ese tipo de gente que ayuda a entender que la evolución y la revolución son posibles. Esa revolución a la que el dramaturgo ruso Máximo Gorki le dedicó una obra dramática hace ya más de un siglo, llamada “Los bajos fondos”.

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