29 de noviembre de 2013

De francotiradores pacientes a artistas


Publicado en Los Tiempos. Imagen: Jaime "Diablo" Tereba. 

Desde hace unos años el arte callejero ha dejado de verse como una expresión vandálica. Ahora, artistas urbanos exponen, con la venia de afamados curadores (a veces amos de la especulación) en espacios reputados como la Tate-Londres, que ya cuenta con un programa educativo virtual para niños sobre el tema, o el MOMA, y su colección “Occuprint Portfolio” sobre el movimiento “Occupy Wall Street”.
Esta semana precisamente el Banco Interamericano de Desarrollo ha preparado un gran evento con innovadores de nivel mundial, como el inventor del detector del cáncer de páncreas, el joven Jack Andraka o el diseñador del popular biciclo urbano Segway, el multimillonario Dean Kamen. Entre estos inventores vanguardistas estaba Panmela Castro, grafitera de Río de Janeiro, que comenzó su relato mostrando una foto del expresidente de Brasil, Lula Da Silva posando junto con su obra. Su fama ha llegado gracias al uso de su arte como método de lucha contra la violencia machista.
También esta semana el académico de la lengua española y periodista de guerra, Arturo Pérez Reverte ha presentado su nueva novela “El francotirador paciente”, que explora precisamente el camino que recorren los grafiteros, aludiendo el nombre del libro a las tácticas de guerrilla que emplean sus fieles, aunque con unos precisos códigos de solidaridad, camaradería, coraje, riesgo, aventura y hasta deporte.
Cuenta Pérez Reverte que muchos de los grafiteros que él ha conocido no pretenden hacer arte, y que incluso repudian ese rótulo, pero que algunos alcanzan un nivel superior –de talento o exigencia gráfica y conceptual- que los lleva a convertirse en artistas.
En Bolivia, las grafiteras más universales son las activistas Mujeres Creando, que inclusive han expuesto en museos comoel Reina Sofía de Madrid, espacio donde posa el Guernica de Picasso. Pero el grafiti y su evolución hacia el arte urbano va mucho más allá y los movimientos underground se han expandido como la pólvora, igual o más rápido que el hip hop en El Alto (movimientos con los que muchas veces se dan la mano), y buena prueba de ello son las ya dos exitosas ediciones de la Bienal de Arte Urbano que organiza el Martadero.
Algunas de las más interesantes propuestas vienen de Santa Cruz, una de ellas del artista cruceño Jaime “Diablo” Tereba, mente indomable que surgió del proyecto social de Hombres Nuevos del Plan3000 y se introdujo en el ambiente artístico influenciado sobre todo por Roberto Valcárcel, y que ahora junta arte mestizo con propuestas eclécticas y hasta escultura. Tereba colabora con el colectivo Arterias Urbanas, grupo que ha llevado su arte inclusive a Alemania.
El grafiti evoluciona, como seguramente terminará evolucionando la cumbia y los narcocorridos, ahora con grupos más experimentales e innovadores como Botisch Fussible o el Mexican Institute of Sound. Ya lo hizo el tango, desde Piazzola a Bajofondo; el flamenco, de Camarón de la Isla al Cigala; y el folklore boliviano, de Cavour a Willy Claure.

Y así se canonizará otra expresión, alcanzando un sentido artístico refinado, y cuando llegue ese momento, los márgenes sabrán apropiarse de una nueva vía, que desde la clandestinidad critique al sistema.

1 de noviembre de 2013

La Economía Naranja

Publicado en Los Tiempos. Para ver el video promocional, haga click aquí. Para descargar el libro gratuitamente, aquí.
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Esta semana el Banco Interamericano de Desarrollo ha presentado el libro de Iván Duque y Felipe Buitrago sobre el poder de la economía creativa y de la cultura, denominado “Economía Naranja”. La idea es desmitificar una aparente escasa incidencia de las artes y de la creatividad en la economía global, específicamente en América Latina.

El texto publicado con el Grupo Santillana, y gratuito para su descarga, demuestra con cifras, los potenciales beneficios que pueden traer las industrias culturales convencionales (libros, teatro, cine, tv, video, fotografía, música), sumadas a aquellas industrias, como las deportivas, el turismo cultural, el ecoturismo, la gastronomía; además, de identificar otros “nuevos” rubros como aquellos que incorporan diseño, publicidad, desarrollo multimedia, software, videojuegos y soportes de medios.

Muchas veces, al común de los mortales, nos cuesta visualizar cuánto aporta realmente este sector, en comparación con otros.

Resulta pues que en 2011, la producción de la Economía Naranja a nivel mundial alcanzó los 4,3 billones de dólares. Para entendernos, si la Economía Naranja fuera un país, sería la cuarta economía del mundo, un 20 por ciento más que la economía entera de Alemania o más que el doble que el gasto militar mundial, y eso que hay muchas guerras. Siguiendo con el supuesto del “País Naranja”, sería el noveno mayor exportador de bienes y servicios con 646.000 millones de dólares (más del doble que las exportaciones de petróleo de Arabia Saudita) y la cuarta fuerza laboral del mundo con más de 144 millones de trabajadores (casi lo mismo que los empleos total de los Estados Unidos).

Así que son datos para no despreciar, especialmente en países como Bolivia, uno de los mayores aportantes por millón de habitantes del mundo de sitios y manifestaciones certificadas como Patrimonio Mundial por la Unesco, y con una cultura tan rica y diversa. Ciudades como Cochabamba, famosa por ser el hub gastronómico del país; Oruro, conocida como la capital del folklore; Sucre y Potosí, las perlas coloniales; La Paz y su aire behemio “saenziano”, o la Santa Cruz jigote (y así podríamos repasar las características creativas de cada región), representan ese gran capital con infinito por explotar. Y esto no es teoría: según un estudio de la Oficialía Mayor de Promoción Económica de La Paz, la Fiesta del Gran Poder, en La Paz, generó 50 millones de dólares.

Los ministerios de Cultura, y a veces de Turismo, han sido los encargados de ponerle horas y recursos al asunto. Ahora toca que sean los ministerios y Desarrollo Económico y Hacienda de los diversos países de América Latina los encargados de apostar, en grande, por estas posibilidades, puesto que la dimensión de la economía creativa en la región es comparable a la economía entera del Perú, con 175.000 millones de dólares, y con una fuerza laboral equivalente a las de Guatemala, Honduras y el Salvador combinadas con más de 10 millones de empleos.

Tendremos que exigir a nuestros representantes (legisladores, ejecutivo, concejales, gobernadores y dirigentes de base) tomar un asunto tan divertido como el de la Economía Naranja en serio, y no porque esta semana se haya festejado Halloween o hayamos comido t’antawawas, sino porque puede ser nuestro sostén de vida el día de mañana.