20 de enero de 2014

Un surreal concurso de belleza... desde la cárcel

Publicado en el blog del Clúster de Seguridad Ciudadana y Jurídica del BID, Sin Miedos.

En los concursos de belleza, somos potencia mundial. De los 61 certámenes de Miss Universo ya realizados, 24 de las ganadoras ha nacido en América Latina.
Las cárceles reproducen ciertos rasgos de la sociedad, como las escalas jerárquicas no escritas, los elementos lúdicos y hasta los anhelos de prestigio, resultando la figura de “miss penitenciaría” en un asunto casi surreal que retrata esa ambivalente tensión entre la estética y la ética.
El lado más íntimo de este debate ha llamado la atención del cineasta norteamericano Jared Goodman, quien explora en su obra documental Captive Beauty las peripecias de un grupo de reclusas, sus historias personales y la dinámica de grupo tras las rejas, mientras se preparan para un concurso interno de belleza. El documental será mostrado en la sede del BID en Washington el próximo 23 de enero, a las 1830 hora local, 1330 New York Ave.
Y aunque este sea el caso de la Cárcel del Buen Pastor en Medellín, Colombia, no es una práctica del todo singular. En Brasil concursan varias cárceles para ganarse el título de Miss Penitenciaria. En Venezuela, el propio Ministerio de Penitenciarías, celebra y alienta dichos certámenes.
El proceso creativo y de producción de Goodman ha estado cargado de descubrimientos y contradicciones personales. Goodman comparte sus emociones sobre la filmación:
“Soy amigo de una asesina, o de varias, en realidad. Nunca pensé que podría decir eso de alguien que ha matado a sangre fría, pero a través del proceso creativo de Captive Beauty he aprendido sobre los dobleces de la humanidad de primera mano. Es increíble cómo es que algunas mujeres en la Cárcel del Buen Pastor, en Medellín, Colombia, pueden ser tan dulces y adorables en un momento, y seguidamente tan crueles y odiosas, haciéndose irreconocibles.
“Desde un principio, ese fue un asunto que me atrajo para hacer el film. Vi una situación real y contemporánea comparable con Dr. Jekyll y el Sr. Hyde, lo que me despertó el interés por explorar. ¿Estas mujeres merecen ser privadas de libertad? Sí. ¿Han hecho cosas terribles? Seguramente.  ¿Acaso tienen también tienen un lado bueno?. Efectivamente. 
“Mi intención es que las historias relatadas en Captive Beauty contengan esta contradicción. Quiero que el público experimente lo que experimenté yo… que de alguna manera se relacionen con esas mujeres, para así entenderlas. Y cuando se enteren de los horribles crímenes que han cometido, quiero que la audiencia luche con todos esos pensamientos y emociones que sentí yo”.
“Una película documental depende casi exclusivamente de una perspectiva subjetiva. Algo tan sencillo como encender y apagar una cámara, puede cambiar dramáticamente la manera en la que esa “realidad” se captura y expone. Considerando que lo más honesto que puedo hacer para contar esta historia, como director, es dar mi mejor esfuerzo para traducir los sentimientos que experimenté estando en Colombia durante el rodaje. Este es mi objetivo, y mi máxima esperanza con Captive Beauty radica en la posibilidad de relatar que el bien y el mal no son figuras tan blancas o negras”. 

11 de enero de 2014

Una sola bala: Cochabamba 2018


Publicado en Los Tiempos y Página Siete. Foto: Sergio Ribero.
El mes pasado hemos recibido la noticia, luego de gestiones personales del presidente Morales, de que los Juegos Deportivos Sudamericanos, ODESUR, serán en Cochabamba en 2018. Sin duda una gran oportunidad para la ciudad y para el país, teniendo en cuenta que el presidente ha prometido destinar para el evento 500 millones de dólares, hecho sin precedentes en la historia del deporte boliviano, lo que no deja de acarrear amenazas.
Estos son los juegos deportivos de mayor envergadura a los que –realísticamente– Bolivia puede aspirar a organizar en este cuarto de siglo. Ni unos Juegos Olímpicos ni Panamericanos se antojan posibles a mediano plazo, por lo que, tras organizar tres Juegos Bolivarianos en Bolivia en las pasadas décadas (La Paz 77, Cochabamba/Santa Cruz 93 y Sucre 2009), ya estamos listos para juntar a los 14 países de la región, y así jugarnos nuestra única gran bala en el contexto deportivo internacional de forma certera.
Y aunque Brasil no siempre participe con su equipo A, aunque algunas disciplinas como el atletismo en otras ediciones hayan sido de categorías juveniles, es una oportunidad que trae varias posibilidades de desarrollo, no sólo en términos de infraestructura deportiva –el escalón al que se le presta casi exclusiva atención–, sino también de gentrificación y rehabilitación de barrios, embellecimiento y modernización de la ciudad sede, de educación y formación de entrenadores, de creación y consolidación de estructuras deportivas institucionales (actualmente incipientes o amateurs) hasta llegar al afianzamiento de la autoestima colectiva nacional, históricamente golpeada.
Aun cuando pensar en 2018 se nos haga muy lejano y hasta anticipado en exceso, lo cierto es que en el calendario de preparación de un deportista no lo es tanto. Recordemos que si queremos ver a nuestros compatriotas en el podio para entonces, significa que esos potenciales medallistas ya tienen que estar compitiendo hoy mismo, con cierto compromiso y apoyo. Aunque las edades “pico” de los deportistas varíen de una disciplina a otra, si ponemos una edad promedio óptima digamos que de 21-25 años, significa que esa gente ya ha salido bachiller, y que ya está formada a nivel de base. El primer paso para no dejar llevarnos por falsas expectativas y crear ilusiones, será evaluar el estado del deporte juvenil en Bolivia a día de hoy. Precisamente este año el atletismo boliviano albergará un Campeonato Sudamericano de la categoría sub-18 en Tarija, evento que permitirá hacer de termómetro y así analizar situaciones posibles.
Todo esto toma pertinencia si tenemos en cuenta que en 2006 La Paz debía organizar dichos juegos ODESUR y por la inoperancia de dirigentes y comité organizador, se desposeyó a la sede de Gobierno de dicho privilegio unos meses antes, delegando la organización “de emergencia” a Buenos Aires, a causa de no haberse hecho los deberes de planificación, ejecución y evaluación a tiempo. Aquella vez se gastaron importantes sumas de dinero en alquileres fantasmas, en una fallida pista de atletismo en Obrajes (que habiendo sido adjudicada nunca se construyó), además de otros gastos de adquisición,  representación y demás cargas burocráticas, dudosamente publicitados.
Las grandes citas deportivas marcan a generaciones enteras, son un fuerte catalizador de energías e impactan potentemente en el imaginario popular, sobre todo de los más jóvenes, que se impregnan abruptamente de una cultura deportiva de la cual carecían al tener poca exposición y contacto con eventos de gran nivel, y suelen ocurrir cada mucho tiempo. El Dakar es una aproximación, pero de una sola disciplina y además muy elitista. Traer a Bolivia una treintena de deportes de 14 países y 4.000 competidores, fomenta la diversidad cultural y de posibilidades deportivas (más allá del manido y venido a menos fútbol, que últimamente nos ha traído pocas alegrías), y ayudará a darnos cuenta de que esos medallistas olímpicos de Brasil o de Argentina, son tan de carne y hueso como nosotros.