11 de enero de 2014

Una sola bala: Cochabamba 2018


Publicado en Los Tiempos y Página Siete. Foto: Sergio Ribero.
El mes pasado hemos recibido la noticia, luego de gestiones personales del presidente Morales, de que los Juegos Deportivos Sudamericanos, ODESUR, serán en Cochabamba en 2018. Sin duda una gran oportunidad para la ciudad y para el país, teniendo en cuenta que el presidente ha prometido destinar para el evento 500 millones de dólares, hecho sin precedentes en la historia del deporte boliviano, lo que no deja de acarrear amenazas.
Estos son los juegos deportivos de mayor envergadura a los que –realísticamente– Bolivia puede aspirar a organizar en este cuarto de siglo. Ni unos Juegos Olímpicos ni Panamericanos se antojan posibles a mediano plazo, por lo que, tras organizar tres Juegos Bolivarianos en Bolivia en las pasadas décadas (La Paz 77, Cochabamba/Santa Cruz 93 y Sucre 2009), ya estamos listos para juntar a los 14 países de la región, y así jugarnos nuestra única gran bala en el contexto deportivo internacional de forma certera.
Y aunque Brasil no siempre participe con su equipo A, aunque algunas disciplinas como el atletismo en otras ediciones hayan sido de categorías juveniles, es una oportunidad que trae varias posibilidades de desarrollo, no sólo en términos de infraestructura deportiva –el escalón al que se le presta casi exclusiva atención–, sino también de gentrificación y rehabilitación de barrios, embellecimiento y modernización de la ciudad sede, de educación y formación de entrenadores, de creación y consolidación de estructuras deportivas institucionales (actualmente incipientes o amateurs) hasta llegar al afianzamiento de la autoestima colectiva nacional, históricamente golpeada.
Aun cuando pensar en 2018 se nos haga muy lejano y hasta anticipado en exceso, lo cierto es que en el calendario de preparación de un deportista no lo es tanto. Recordemos que si queremos ver a nuestros compatriotas en el podio para entonces, significa que esos potenciales medallistas ya tienen que estar compitiendo hoy mismo, con cierto compromiso y apoyo. Aunque las edades “pico” de los deportistas varíen de una disciplina a otra, si ponemos una edad promedio óptima digamos que de 21-25 años, significa que esa gente ya ha salido bachiller, y que ya está formada a nivel de base. El primer paso para no dejar llevarnos por falsas expectativas y crear ilusiones, será evaluar el estado del deporte juvenil en Bolivia a día de hoy. Precisamente este año el atletismo boliviano albergará un Campeonato Sudamericano de la categoría sub-18 en Tarija, evento que permitirá hacer de termómetro y así analizar situaciones posibles.
Todo esto toma pertinencia si tenemos en cuenta que en 2006 La Paz debía organizar dichos juegos ODESUR y por la inoperancia de dirigentes y comité organizador, se desposeyó a la sede de Gobierno de dicho privilegio unos meses antes, delegando la organización “de emergencia” a Buenos Aires, a causa de no haberse hecho los deberes de planificación, ejecución y evaluación a tiempo. Aquella vez se gastaron importantes sumas de dinero en alquileres fantasmas, en una fallida pista de atletismo en Obrajes (que habiendo sido adjudicada nunca se construyó), además de otros gastos de adquisición,  representación y demás cargas burocráticas, dudosamente publicitados.
Las grandes citas deportivas marcan a generaciones enteras, son un fuerte catalizador de energías e impactan potentemente en el imaginario popular, sobre todo de los más jóvenes, que se impregnan abruptamente de una cultura deportiva de la cual carecían al tener poca exposición y contacto con eventos de gran nivel, y suelen ocurrir cada mucho tiempo. El Dakar es una aproximación, pero de una sola disciplina y además muy elitista. Traer a Bolivia una treintena de deportes de 14 países y 4.000 competidores, fomenta la diversidad cultural y de posibilidades deportivas (más allá del manido y venido a menos fútbol, que últimamente nos ha traído pocas alegrías), y ayudará a darnos cuenta de que esos medallistas olímpicos de Brasil o de Argentina, son tan de carne y hueso como nosotros.   

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