21 de marzo de 2014

El fracaso deportivo de los Odesur

Publicado en Los Tiempos.

El presidente Evo Morales mostró preocupación en cuanto a los magros resultados obtenidos en Santiago de Chile en los Juegos Deportivos Sudamericanos Odesur finalizados esta semana con una pobre cosecha de cuatro medallas, vertiendo similares palabras de desaprobación en ocasiones previas, concretamente hace seis años en los juegos olímpicos de Beijing cuando se enteró que la delegación se conformaba por siete deportistas.

Se sabe que los políticos se percatan del asunto generalmente cuando hay que verse en el espejo del medallero y felicitan a nuestros héroes (en este caso Knijnenburg, González y Carbajal) con poco más que una ceremonia y fotos.

Se podría demostrar, de forma vanguardista, que tenemos otros indicadores que nos hacen hinchar el pecho de orgullo, como por ejemplo el número de programas juveniles de inserción laboral ligados al deporte, el número de parques y áreas recreativas per cápita, el retorno de los programas sociales relacionados con el aire libre, inclusión de género fruto de políticas de deporte lúdico, etcétera.

Lamentablemente, la vara de medir la salud del deporte parece ser únicamente el medallero, asunto que personalmente desaconsejo, puesto que es parte del modelo del siglo XX, que a pesar de su raigambre, está en decadencia, principalmente por el dopaje y los amaños de resultados.

Pero aún si insisten en las medallas: el primer paso obligatorio será insistir en la técnica, y el segundo en la ciencia.

En la técnica, preparando precisamente a los técnicos, asunto que aunque suene como redundancia u obviedad, no parece tan claro en la escala de prioridades, pues no se llegará a dominar la técnica con empleados no remunerados o infraremunerados, como es el caso hoy. Pongamos el ejemplo cualquiera, el del entrenador de atletismo Luis Daniel Valenzuela, que no recibió ni un solo centavo del erario público, por lo tanto el ente nacional poco le puede reclamar.

En cuanto a la ciencia, asunto que debe enfatizarse solamente cuando el punto previo se satisface, existen varias posibilidades. Una de ellas, el atajo. Que no es otra cosa que el dopaje y la trampa. Varios entrenadores acuden a él en varios países del mundo desde hace décadas (en ese modelo del siglo XX), sobre todo cuando se piden resultados inmediatos y es una peligrosa liga que no debemos jugar.

En cuanto a la infraestructura, siguiente punto, definitivamente aporta, pero como se puede ver en los resultados de medallas, no es determinante a corto plazo. Hace cuatro años había la mitad pistas sintéticas en Bolivia, había muchas menos canchas de fútbol, y había más medallas. Bolivia en la “neoliberal” época de 1998 cosechó en los Odesur 27 metales. Ya en la época de Evo, en los juegos de 2010, se lograron 11. Ahora se lograron cuatro. Si ésa es la medida, algo se está haciendo mal
Llevamos más atletas que países como Surinam, Panamá, Uruguay y Paraguay, pero logramos menos medallas. Somos el país que menos preseas per cápita ha sacado. Aruba y Surinam sacan nueve medallas por millón de habitantes; Chile casi ocho; Venezuela y Ecuador casi cinco; Brasil, Perú y Paraguay 1,3; Argentina, Panamá y Uruguay casi cuatro; Colombia 3,5 y Bolivia ¡0,4!

Resultados que parecen indicar que la varita mágica no la pone el cemento y el césped. Para contrastar estos datos, sería interesante contar con cifras transparentes acerca de la inversión en docencia, en entrenadores o en capital humano, indicadores no disponibles a nivel público, al menos en Internet.

Los dirigentes deberán definir si se da prioridad a un desarrollo social ligado a la actividad física o si se quieren medallas urgentemente, y de ser así, bajo una premisa ética, o a cualquier costo, analizando los planes a mediano y largo plazo (si existen), para así afinar las actividades propuestas para lograrlo. Caso contrario, cambiar los criterios de éxito, repensarlos y buscar unos nuevos, pero rápido, al fin de cuentas los Odesur de Cochabamba son en sólo cuatro años.

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