11 de marzo de 2014

SXSW: el transmedia y sus campamentos creativos

Publicado en Los Tiempos.

Ya no existe el París de las vanguardias, ni aquella Grecia antigua de los pensadores. Ni siquiera el poder absoluto lo tiene Nueva York como condición necesaria para el proceso creativo. El poder de congestión de cerebros con tendencias artísticas ahora lo tienen los festivales, pues vivimos en una sociedad líquida.

Austin (Texas), ciudad de 800.000 habitantes en su municipio y de 1,8 millones en su área metropolitana –dimensiones similares a La Paz—contiene durante el mes de marzo alrededor de 155 mil visitantes que al menos asistieron a un evento del South by Southwest –SXSW-- la meca de la industria cultural y la creación digital en la actualidad.

El título de un clásico de un filme de Alfred Hitchcock, North by Northwest, inspiró el nombre de un festival que básicamente abarca la mayor diversidad creativa posible en sus tres brazos: la escena musical, el cine independiente y  las expresiones interactivas. ¿La clave del éxito?  La mezcla de formatos y de soportes: el transmedia. Todo ello sazonado con ruedas de negocios, encuentros entre curadores de arte y música e inversores, además del SXSWEdu, plataforma destinada al componente educativo.

En algo menos de dos semanas pasarán por más de 100 escenarios, 2.200 músicos, se proyectarán 400 películas, se compartirán cientos de entrevistas y encuentros con el público, que por supuesto valen la pena de ser revisadas por cualquier gestor cultural y artista que se precie de serlo. El año pasado sin ir lejos, en la sección interactiva, los asistentes que pagaron por su inscripción fueron casi 31.000, más del triple que aquellos 8.000 de 2008. Todo ello logrará generar un impacto (directo, indirecto e inducido) de 218 millones de dólares. Nada mal para un sector plagado de bohemios, locos y mentes abstractas.

El alto impacto que genera este festival en términos mediáticos y de influencia es gigantesco, principalmente por la combinación de superestrellas como Lady Gaga o Bruce Springsteen con las nuevas joyas y apuestas arriesgadas.

Los grandes innovadores de Syllicon Valley, los Google, Microsoft o TED ya han mandado emisarios a explorar los terrenos, participando con conferencias y productos. La Universidad de Texas también es uno de los pilares.

Luego, está el hecho “explosivo” o verdadero detonante –en palabras del fundador Hurgh Forrest– de juntar cineastas y desarrolladores. Anglicismos como startups, hackers, apps, big data o accelerators no logran traducciones de la Academia de la Lengua Española porque corren más rápido que ésta. La garantía de éxito estriba en juntar a quienes están en la cresta de la ola “avant garde” y a los operadores culturales locales (bares, teatros, colectivos artísticos, etc.) entendiéndose que garantizando a estos dos macrosegmentos, el resto del gran público (incluido el público neófito y las superestrellas) viene solo.

Lo que comenzó en 1987 como una venganza a una versión de un festival neoyorkino a 500 kilómetros, en el desierto texano, terminó siendo uno de los eventos claves de la industria cultural mundial, que ha sabido incorporar a la clase creativa de todo el mundo.  En recientes ediciones han pasado sólidos y encumbrados artistas hispanos como Bajofondo, Molotov y Café Tacvba, pero también nuevas propuestas como Bomba Estéreo y este año se esperan más de 20 agrupaciones musicales de Argentina, Chile, Brasil, Puerto Rico, México y Colombia.

El transmedia es una verdadera posibilidad para relanzar festivales como los de Sucre y Potosí, con un enorme acervo creativo ya dado y con las vibrantes posibilidades que una ciudad emergente como El Alto permite, en lugar de hacer inertes quejas contra festivales comerciales y creativamente agonizantes como el de Viña del Mar.

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