30 de mayo de 2014

Cholos, pavos y bigotones

Cholo Simeone para Jot Down 0
Publicado en Los Tiempos. Foto: JotDown.

Estamos a punto de comenzar el Mundial de fútbol y es el momento propicio para hacer un par de comparaciones entre estilos de gerencia y estilos de dirección deportiva, que al final de cuentas son lo mismo: gestión de personal.

El fenómeno sociodeportivo del momento es, sin dudas, El cholismo, esa moda impuesta por el indomable entrenador y exjugador bonaerense –DT le llaman en Argentina–, Diego “El Cholo” Simeone, conocido por su fiereza durante su época de jugador en los 90 (ganó Ligas italianas y españolas, Copa América y alguna UEFA) y también por la dramática estimulación que imprime entre sus entrenados.

El cholismo  precisamente ha pasado de ser una idea futbolera a un tópico motivacional en el deporte contemporáneo y en la cultura pop. Un tipo joven (para ser entrenador de fútbol) como Simeone ha tenido que apelar a la creatividad y sobre todo a la motivación, para que su modesto equipo (en términos de los más ricos de Europa), el Atlético de Madrid, se atreva y logre disputar el título a los grandes. Primero derrotando a algunas de las empresas deportivas más grandes del mundo, el Real Madrid, el FC Barcelona o el Chelsea, plantillas que octuplican el presupuesto de su equipo. Y luego, encumbrándose definitivamente entre esos grandes, jugando en los últimos tres años las dos finales del Viejo Continente, la Europa League y la Champions.

El cholismo encarna la idea del partido a partido, del proyecto a proyecto. Simboliza lo que en la metodología deportiva es la planificación de los macrociclos y los microciclos, con objetivos claros y resultados a esperar. Se planifica a corto, mediano y largo plazo. Muy cercano a lo que sociólogos llaman Enfoque del Marco Lógico. El cholismo también es una oda al esfuerzo, a la pérdida del miedo al rival (sin importar sus números, aprovechando las propias ventajas competitivas), y el uso de la creatividad para optimizar nuestro recurso más importante, la mente, y esa arma arrojadiza que puede ser nuestra motivación (o su ausencia).

En Bolivia también existen un par de casos similares, muy recientes. El primero es el de Roberto Pavisic, hombre de larga e invaluable trayectoria en el voleibol nacional, fundador del club Olympic cochabambino, semillero nacional de categorías inferiores y cantera de una familia con una ética laboral especial, quizás heredada de sus raíces eslavas.

Cuando el Pavo Mayor, como se le conoce, cogió las riendas de la preparación anímica de Aurora, el equipo estaba desahuciado, condenado al descenso, aun teniendo un capital social de varios miles de hinchas. En tan sólo unas semanas ha logrado lo imposible: que un equipo que había quedado último en el campeonato previo, encadene los últimos 14 de 18 puntos, lo que hace que, a falta de un par de partidos, se pueda salvar del descenso de la máxima categoría del fútbol boliviano.

Dinámica similar logró el bigotón Azkargorta, quien tomó un Bolívar con serios complejos de inferioridad respecto de su vecino paceño Strongest, tricampeón del fútbol boliviano. En apenas nueve semanas, el técnico de los bigotes logró revertir esa situación para poner a la Academia entre los cuatro mejores equipos del continente, y subiendo. El cerebro es muchas veces la pieza más importante de la maquinaria deportiva, y la que en Bolivia se trabaja menos. Somos un país de autoestima baja históricamente, aunque ello esté cambiando. Los modelos del Cholo, del Pavo y del Bigotón nos pueden dar pistas de hacia dónde ir en el deporte y en nuestros emprendimientos personales cuando los recursos sean escasos, situación universal.

16 de mayo de 2014

Vistas foráneas: del fetichismo a las ideas


Publicado en Los Tiempos.

Cuando uno compra, ojea, navega o bucea dentro de los códigos de un libro, siempre es reconfortante encontrar alusiones a nuestros mundos particulares. Bolivia, específicamente, ha sido en términos editoriales y artísticos, un espacio secundario a nivel global.

Afortunadamente tenemos un potente acervo cultural por descubrir (tanto por nosotros como por forasteros), principalmente heredero de ese mestizaje entre “sirenas y charangos”, como Carlos Mesa ilustra la simbiosis innegable de la mixtura cultural pre y post hispánica.

Esta semana, el escritor beniano Homero Carvalho, vicepresidente de la Fundación Cultural del BCB, ha presentado el libro “Bolivia: tu voz habla en el viento” (Ed. 3600, 2014), texto que recoge referencias de autores (varias decenas de escritores como los premios Nobel M.A. Asturias, Neruda o Vargas Llosa) que por algún motivo retuvieron recuerdos bolivianos entre sus cuadernos y publicaciones.

Ahora con la tecnología 2.0, se podría seguir con esta búsqueda hasta llegar casi al infinito. Y a distintos niveles. Desde las peripecias por las que pasó el explorador francés Jacques Cousteau, o tiroteos de forajidos como Butch Cassidy, hasta llegar a banales comentarios como los del cineasta Steven Soderbergh y su atracción casi hipnótica por el singani.

Así pues, hace algún tiempo, haciendo arqueología del fetichismo cultural, me encontré unos textos de uno de los más reputados pensadores españoles y europeos del siglo pasado: Miguel de Unamuno.

En sus líneas, centradas en Cochabamba (“La imaginación en Cochabamba”, en “Contra esto y aquello”, 1912), el filósofo dedicaba unas palabras a la ciudad del valle y a su amigo Alcides Arguedas, no tan difícilmente cuestionables.  Allí, Unamuno refuta a Arguedas la potencia imaginativa que éste atribuye a los cochabambinos, aprovechándose de una atmósfera casi bucólica del boliviano en sus textos originales.

También fue grato para mí toparme con unos textos del periodista talismán de la cultura pop americana, Hunter S. Thompson, conocido por su salvaje forma de contar crónicas desde la experiencia extrema, denominado “periodismo Gonzo”.  En una visita por Bolivia en 1962, describió para el periódico The Observer la compleja situación en las minas, previendo él una explosión social que, coincidentemente o no, sucedió 20 años más tarde con la relocalización de los mineros.

Una tercera referencia que cabe destacar es la de otro periodista y narrador de los potentes,  el polaco Ryszard Kapuscinski, a quien se le encargó la misión de hacer una crónica de los oscuros días del post-barrientismo y de Ovando, en 1970. Su crónica fue publicada un par de décadas más tarde en la prestigiosa revista británica Granta.

Seguramente las menciones son inagotables, pero vale la pena revisarlas, por varios motivos. Primero, verificar si se escribe desde una investigación seria y no desde estereotipos; segundo, para disfrutar de detalles que dejamos escapar por la vorágine del día a día y que unos ojos externos captan más fácilmente (y quizás de forma más crítica); y tercero, para elevar nuestra autoestima, reconociendo que personas que admiramos y de quienes aprendemos, son capaces de disfrutar y hasta ser marcados de por vida en estos páramos alejados, entre los Andes y la Amazonia.

3 de mayo de 2014

Niñas viviendo con altura



Publicado en Los Tiempos. Foto: Sergio Ribero / Banco Interamericano de Desarrollo.

Los referentes y modelos de conducta locales son un bien escaso en nuestro país, de eso no cabe duda. Hasta la llegada al poder de Evo Morales, no había un icono cultural universal de la bolivianidad.

Quien más se acercó fue el Diablo Etcheverry en la década de los 90, uno de los deportistas más cualificados y carismáticos, y representó, junto con Erwin Sánchez, a la generación más poderosa de futbolistas bolivianos. No era extraño ver a los niños con esa melena en la nuca –mejor si era rizada–deseando algún día triunfar en el exterior. Fue figura también en Estados Unidos, en el DC United, donde retiraron su número de circulación en homenaje (nadie más puede usar el 10) y aun hoy, varios años después, lucen por los pasillos de su estadio las fotos del Diablo levantando los trofeos que ayudó a ganar.

Entre fines de los 90 y la primera década del siglo en el país no hubo un icono personal nacional claro hasta la llegada del líder cocalero, hoy presidente del Estado. Luego han aparecido algunas figuras más o menos mediáticas como el motociclista Chavo Salvatierra o la boxeadora Jeniffer Salinas, que al ser mujer, llama más todavía la atención por su infrecuencia.

Justamente esta semana estuve visitando el proyecto “Niñas con altura”, programa que busca el empoderamiento y participación deportiva de niñas de secundaria del Distrito 4 de El Alto, diseñado e implementado por el Banco Interamericano de Desarrollo y Save The Children.

Fue muy emocionante observar a 200 beneficiarias del proyecto, dialogar e intercambiar con un par de personajes singulares: Maitte Zamorano, atleta y futbolista, excampeona boliviana de 100 metros, mundialista en Lisboa 2001, y goleadora de la pasada edición de la Copa Libertadores de América de fútbol femenino. La acompañó Iris Uriona, una de las primeras mujeres árbitras de la Liga Profesional del Fútbol Boliviano.

Ambas compartieron sus sueños, recuerdos, ilusiones y retos. Para estas niñas alteñas, el tener tan de cerca a dos mujeres que con esfuerzo y trabajo, han logrado romper los moldes que se esperan de una joven boliviana, una de ellas con la capacidad de ser la goleadora del continente y la otra siendo jueza y voz de autoridad ante un conjunto de varones, que sin embargo han recibido poca atención mediática.

Cuando les pregunté a varias niñas acerca de personajes que les influyeron, las respuestas al principio fueron diversas y hasta tímidas, pero mayoritarias hacia futbolistas varones, como el bolivarista Ferreira o el atigrado Escóbar. Un gran número, empero, señaló a mujeres como la atleta Claudia Balderrama o la misma Salinas.

Las cosas afortunadamente están cambiando. El deporte se va universalizando, y las niñas cada vez sufren menos de las restricciones impuestas en la propia casa acerca del cuidado de los hijos menores o del mantenimiento del hogar, al fin y al cabo, son en esencia niñas y tienen derecho a un tiempo de ocio, epítome del eslogan del Gobierno, “vivir bien”.

El eco generado por la iniciativa ha logrado comprometer una visita del flamante viceministro de Deporte, Marcelo Ortubé, quien seguramente sabrá sacar partido de la semilla plantada en el barrio alteño de Gran Poder.

Iniciativas como las de “Niñas con altura” están poniendo las bases para tener una juventud que pueda soñar con llegar muy arriba, incorporando precisamente lo que han aprendido jugando: liderazgo, autoestima y participación en la comunidad.