16 de mayo de 2014

Vistas foráneas: del fetichismo a las ideas


Publicado en Los Tiempos.

Cuando uno compra, ojea, navega o bucea dentro de los códigos de un libro, siempre es reconfortante encontrar alusiones a nuestros mundos particulares. Bolivia, específicamente, ha sido en términos editoriales y artísticos, un espacio secundario a nivel global.

Afortunadamente tenemos un potente acervo cultural por descubrir (tanto por nosotros como por forasteros), principalmente heredero de ese mestizaje entre “sirenas y charangos”, como Carlos Mesa ilustra la simbiosis innegable de la mixtura cultural pre y post hispánica.

Esta semana, el escritor beniano Homero Carvalho, vicepresidente de la Fundación Cultural del BCB, ha presentado el libro “Bolivia: tu voz habla en el viento” (Ed. 3600, 2014), texto que recoge referencias de autores (varias decenas de escritores como los premios Nobel M.A. Asturias, Neruda o Vargas Llosa) que por algún motivo retuvieron recuerdos bolivianos entre sus cuadernos y publicaciones.

Ahora con la tecnología 2.0, se podría seguir con esta búsqueda hasta llegar casi al infinito. Y a distintos niveles. Desde las peripecias por las que pasó el explorador francés Jacques Cousteau, o tiroteos de forajidos como Butch Cassidy, hasta llegar a banales comentarios como los del cineasta Steven Soderbergh y su atracción casi hipnótica por el singani.

Así pues, hace algún tiempo, haciendo arqueología del fetichismo cultural, me encontré unos textos de uno de los más reputados pensadores españoles y europeos del siglo pasado: Miguel de Unamuno.

En sus líneas, centradas en Cochabamba (“La imaginación en Cochabamba”, en “Contra esto y aquello”, 1912), el filósofo dedicaba unas palabras a la ciudad del valle y a su amigo Alcides Arguedas, no tan difícilmente cuestionables.  Allí, Unamuno refuta a Arguedas la potencia imaginativa que éste atribuye a los cochabambinos, aprovechándose de una atmósfera casi bucólica del boliviano en sus textos originales.

También fue grato para mí toparme con unos textos del periodista talismán de la cultura pop americana, Hunter S. Thompson, conocido por su salvaje forma de contar crónicas desde la experiencia extrema, denominado “periodismo Gonzo”.  En una visita por Bolivia en 1962, describió para el periódico The Observer la compleja situación en las minas, previendo él una explosión social que, coincidentemente o no, sucedió 20 años más tarde con la relocalización de los mineros.

Una tercera referencia que cabe destacar es la de otro periodista y narrador de los potentes,  el polaco Ryszard Kapuscinski, a quien se le encargó la misión de hacer una crónica de los oscuros días del post-barrientismo y de Ovando, en 1970. Su crónica fue publicada un par de décadas más tarde en la prestigiosa revista británica Granta.

Seguramente las menciones son inagotables, pero vale la pena revisarlas, por varios motivos. Primero, verificar si se escribe desde una investigación seria y no desde estereotipos; segundo, para disfrutar de detalles que dejamos escapar por la vorágine del día a día y que unos ojos externos captan más fácilmente (y quizás de forma más crítica); y tercero, para elevar nuestra autoestima, reconociendo que personas que admiramos y de quienes aprendemos, son capaces de disfrutar y hasta ser marcados de por vida en estos páramos alejados, entre los Andes y la Amazonia.

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