11 de julio de 2014

Sociedad Boliviana de Música de Cámara: desbloqueando puentes



Publicado en Los Tiempos

Llegó algún momento en el que el país era conocido por sus bloqueos, arraigados profundamente en nuestra cultura. Afortunadamente las cosas van cambiando, lentamente. No sólo es probable que bloqueemos menos que antes, sino que van apareciendo iniciativas para que los puentes –imaginarios– tendidos entre bolivianos que viven en el territorio y aquellos que viven en el extranjero sean avenidas de intercambio efectivo.

Generalmente los habitantes en la diáspora, aquellos desplazados por la guerra, por causas económicas o simplemente en busca de mayores oportunidades de desarrollo, han aportado –en algunos casos mucho– al desarrollo social y cultural de sus países de origen. Piénsese en los casos del legado de Luis Buñuel en España o de García Márquez en Colombia, que pese a vivir ambos en México, han marcado el devenir cultural de sus países de origen y acogida. O como lo hiciera Jaime Laredo, actualmente director musical de la Orquesta Sinfónica de Vermont.

Hace pocas semanas ha aparecido una interesante iniciativa, la creación de la Sociedad Boliviana de Música de Cámara (SBMC), conformada por algunos músicos tras haberse conocido en los pasillos de la prestigiosa Youth Orchestra of the Americas, como de Camila Barrientos Ossio, clarinetista boliviana, Sergio Escalera Soria, pianista boliviano, y Bruno Luiz Lourensetto, trompetista brasileño; tres músicos profesionales, residentes en el exterior, con el firme deseo de hacer música en Bolivia y de compartirla con el público boliviano.

La pertinencia salta a la vista por muchas razones, una de ellas porque se trata de una expresión cultural en la que sin pasar por Europa o Nueva York es muy difícil triunfar a nivel mundial, por la densidad de talento, crítica, formación del público, poder adquisitivo de los consumidores y estímulos a la creación. Lo mismo se aplica a su consumo. Precisamente bolivianos  nacidos o de “acogida” como Elizabeth Schwimmer, Ana María Vera o Piotr Nawrot vienen trabajando en ello hace varios años.

Los entusiastas emprendedores sociales de la SBMC presentarán en agosto sus Primeras Jornadas de Música, para llevar su arte, sazonado con otros siete músicos de Bolivia, Canadá y Chile, a espacios de la ciudad tan diversos como el mARTadero, la Muela del Diablo, el Centro Patiño y Aldeas Infantiles S.O.S.

Su propuesta es clara: democratizar el acceso a la cultura, llegar a públicos más amplios, y fomentar el intercambio cultural con responsabilidad social, verdaderos ejes positivos que la globalización puede traer, destacando y comunicando que vivimos en una sociedad altamente creativa y enriquecida culturalmente. Todo un reto y una oportunidad en un país con una autoestima baja.

Con los miles de bolivianos fuera, bien se podría hacer un apéndice de cultura nacional. Simplemente tomando en cuenta la literatura, este año pasado estuvieron viviendo en Estados Unidos algunos de los escritores más importantes del país como Eduardo Mitre, Edmundo Paz Soldán, Rodrigo Hasbún, Sebastián Antezana, Claudio Ferrufino Cocqueugniot, Liliana Colanzi, Giovanna Rivero, Maximiliano Barrientos y los que seguramente se quedarán en el tintero. Varios de ellos, principalmente los de la Universidad de Cornell, tienen encuentros literarios fecundos.

El potencial de las sinergias con la diáspora es muy alto. Países más pequeños como Kosovo tienen una interesante plataforma comunicacional y de pensamiento que recoge posibilidades de sus ciudadanos en el extranjero. Se abre una ventana muy jugosa, que puede integrar a ese millón de bolivianos que viven allende nuestras fronteras, tendiendo puentes o desbloqueándolos.


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