1 de noviembre de 2014

A bicleta regalada...

Publicado en Los Tiempos

La semana pasada este matutino publicó en su página de Facebook una noticia que decía “Evo regala a “Volcán” Soliz una bicicleta de $us 9.000”.

Fenomenal iniciativa la de darle a Soliz, el mejor deportista boliviano de la última década, una bicicleta que se ajuste a su calidad. No obstante, seguramente no haya sido un “regalo” presidencial, error que puede atribuírsele al editor del periódico o al funcionario público que redactó el comunicado de prensa desde el Palacio Quemado, pero que no por ello deja de ser un detalle importante: los incentivos deportivos deben ser institucionalizados, planificados, reglamentados y finalmente evaluados.

4.100 personas le dieron “me gusta” y otros cientos comentaron la noticia. Algunos a favor y otros en contra, lo que demostraba que el asunto deportivo importa, y bastante, al menos a los lectores del 2º periódico con más seguidores en esa red social del país.

Para más sazón, habrá que notar que seremos anfitriones de los próximos Juegos Deportivos Sudamericanos, Odesur, y que ya deberíamos contar un plan de estímulo (asumiendo que existe) en fase de ejecución, puesto que un deportista no sale de una chistera mágica en unos meses.

Las dudas saltan a la vista, más aún cuando federaciones deportivas –la de atletismo por ejemplo– mandan cartas al Ministerio de Deportes exigiendo cumplir con las promesas pecuniarias pactadas meses atrás.

Como nunca en la historia de Bolivia existe dinero que pudiera dedicarse al deporte. Tanto desde las arcas públicas como desde las privadas. Muestra de ello es el programa Tunkas, de Cervecería Boliviana Nacional. Pero como este caso es dinero de mecenazgo, de bolsillos privados, su uso y distribución no son materia de fiscalización pública, pues el responsable será el mecenas.

Más observación, escrutinio y evaluación merece el dinero salido del Tesoro General de la Nación, como por ejemplo esos 500 millones de dólares que Evo prometió, y que se están destinando principalmente a infraestructuras, olvidando quizás –o descuidando—que las personas deben llenar y dar uso a esas masas de cemento (recurso necesario por otra parte, pero no suficiente).

En cuanto al alto rendimiento, parecería que en el ente público todavía no hay pleno convencimiento de la institucionalización de las colaboraciones. Por seguir con el ejemplo del ciclista potosino, ¿qué pasaría si Soliz, en lugar de ganar la Clásica RCN gana el Tour de Francia? ¿Cómo se le premia? ¿Era el Tour su objetivo? ¿O es quizás una medalla en los Juegos Panamericanos? ¿Olímpicos? ¿La ronda de una semana Dauphinè Liberè? ¿La Vuelta a Ecuador? Varias veces antes, Soliz ha ganado competiciones relevantes y de prestigio internacional. Los contribuyentes se preguntarán si cada vez recibe bicicletas. Yo me pregunto: ¿qué otras cosas necesita? ¿Su entrenador recibe algo?

Hay casi infinitas respuestas, tantas como opaco sea el proceso. Es muy bueno que el propio Presidente se ocupe de colocar a los deportistas en una posición de relevancia que generalmente no tienen, pero quizás haya que afinar un poco más la retribución, máximo cuando no se trata de un regalo, sino de los impuestos de los bolivianos.

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