11 de enero de 2015

Deshojando margaritas: sin proyectos y sin entrenadores


Publicado en Los Tiempos. Foto: la piscina olímpica de Berlín 1936, en ruinas, por CarlJohanLinell.

Ya estamos en 2015. Ha pasado más de un año desde que se le concediera a Bolivia la organización de los Juegos Odesur de 2018. A la vista hay pocos avances, nos comimos el 25 por ciento del tiempo en pocas actividades visibles. Se ha avanzado sobre todo en infraestructuras. Pero muy poco en estructuras.

La realidad es que tenemos un sistema en el que se le dedica poco tiempo y recursos a los verdaderos detonantes de procesos, a los multiplicadores de resultados, que no son otros que los entrenadores. Esos señores que se queman la piel en los campos de juego, en los patios del colegio y en los centros de entrenamiento.

Porque, seamos serios, los pocos profesionales de la educación física decentemente remunerados vienen del único deporte profesional en Bolivia, el fútbol. Alguno es pagado por consolidados clubes de tenis, diríase que exclusivos y de acceso difícil para la mayor parte de la población, y los restantes sobreviven con proyectos personales, docentes y de  fitness.

No sé qué expectativa real tienen los técnicos del Ministerio de Deportes. No sé qué expectativas tiene el presidente Evo, persona aficionada al fútbol, pero que no demuestra particular interés por el resto de deportes olímpicos. No sé qué expectativa se tendrá en un país que nunca ha metido un deportista entre los 10 primeros en unos Juegos Olímpicos y que no ha hecho nada por cambiar ese destino, en la gestión con más recursos destinados a deporte en la historia de Bolivia.

Se pueden tomar varios ejemplos. El caso cubano de hace medio siglo es el más fácil de imitar. Ellos inundaron sus campos de técnicos rusos. Brasil trató algo similar, con los propios cubanos, en el caso del atletismo, allá por los años 90 y tuvieron relativo éxito, aunque de mediano plazo. En tres años poco se puede hacer.

Un primer paso sería reconocer la importante labor de estos técnicos y entrenadores. Las obras de cemento son muy bonitas de inaugurar, pero para darles uso se necesitan jóvenes, y para que haya jóvenes se necesitan entrenadores carismáticos que los formen, como atletas y como personas. Este último concepto es de particular importancia, a la hora de no repetir atrocidades que cometió la URSS o Alemania Oriental cuando formaron a verdaderos animales dopados, a gladiadores que no les importaba nada más que el triunfo.

Las grandes citas pueden dejar grandes huellas a nivel de equipamiento urbano, pero también grandes baches y elefantes blancos. La mayoría de las veces los segundos. La piscina olímpica de La Paz, el velódromo de Cochabamba o la nunca terminada pista de atletismo de Alto Irpavi generaron ilusiones falsas y pocos nuevos deportistas.

Por eso, yo me quedo con entrenadores superprofesionalizados antes que con planchas de cemento con caras placas conmemorativas. Yo prefiero capacidad de ejecutar proyectos de menos ceros junto al  precio pero más efectivos. Yo prefiero cumplir con ideas menos ambiciosas en cuanto a cemento y más potentes en cuanto a materia gris. Por cierto, un saludo en este 2015 a quienes perdieron el Campeonato Sudamericano de Atletismo sub 17 que nunca se celebró en Tarija estando ya asignado, al igual que aquellos nonatos Odesur 2006. Que no se repita la historia. Faltan tres años.

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