22 de febrero de 2015

Los custodios de Klaus Barbie


Publicado en la revista dominical OH!, del periódico Los Tiempos.


El exjefe de la Gestapo, tuvo una plácida vida en Bolivia, mientras gobernaron los militares
Por Fadrique Iglesias Mendizábal[i]

La semana pasada se han cumplido 32 años de la expulsión del Carnicero de Lyon de Bolivia a Francia, durante el gobierno de Hernán Siles Zuazo y Francoise Mitterrand, respectivamente.
El nazi Klaus Barbie, oficial de la policía anodino pero entregado a la causa nazi, nunca conoció a Adolf Hitler, a quien idolatró con crédito infinito. Vivió en su refugio paceño durante más de tres décadas, las posteriores a la II Guerra Mundial, en las que buscó desesperadamente acercarse al poder militar boliviano, por entonces también poder político.
Conocido en nuestro territorio como Klaus Altman, apellido falso tomado de un rabino judío que conoció en la infancia, jamás compartió públicamente información sobre su implicación en la muerte de más de 4.000 personas durante la II Guerra Mundial, hasta que fue juzgado en julio de 1987 en Francia, país donde cometió la mayor parte de sus crímenes, pero donde paradójicamente colaboraron un importante número de franceses filonazis durante la ocupación alemana.
Barbie, exjefe de la Gestapo en Lyon en 1941 –policía secreta de la Alemania nazi–, logró notoriedad principalmente por la intencionalidad en el envío durante guerra de trenes llenos de niños judíos a los campos de concentración de Auschwitz. También se hizo famoso por capturar, asesinar y torturar a Jean Moulin, jefe de la Resistencia francesa, de una forma muy similar a la que actuarían presuntos paramilitares argentinos con Marcelo Quiroga Santa Cruz en La Paz durante el último golpe de Estado de 1980.
Abundantes archivos secretos de Estados Unidos, hoy desclasificados, señalan que Barbie logró también, después de la guerra y en apenas cuatro años, infiltrarse en células del Partido Comunista de Baviera en la zona ocupada de Berlín, contratado a sueldo por el gobierno norteamericano.
Posteriormente huyó a Bolivia con un pasaporte emitido por la Cruz Roja Internacional, gracias a gestiones de contactos estadounidenses y del sacerdote croata de tendencia fascista afincado en el Vaticano, Stjepan Draganović.
Reinserción laboral de un nazi desempleado
Pasada la guerra, Barbie no olvidaría sus mejores habilidades: conocimiento en gestión de la violencia, manejo de información secreta, tácticas de espionaje y compraventa de armamento.
En su nueva vida en los Andes, Barbie se inclinaría por coordinar y asesorar en estrategias de inteligencia, así como promover negocios con beneficio propio y de sus de contactos de ideología nacionalsocialista. Algunos de sus clientes fueron, en mayor o menor medida, los expresidentes de Bolivia René Barrientos, Hugo Banzer, Juan Pereda, David Padilla y Luis García Meza.
Luego de pasar una década de aprendizaje del idioma en Chulumani, obtuvo en 1957 la ciudadanía boliviana que lo protegió de varios intentos de reclamación por parte de diversos gobiernos franceses, con cartas de justificación y rechazo a la extradición firmadas por el propio presidente Banzer en 1972 y un laudo de la Corte Suprema de Justicia de Sucre en 1974 que lo blindaba como ciudadano boliviano con estatus de “intocable”.
Klaus Barbie jugaba en varios frentes. Su colaboración con  regímenes militares bolivianos no fue óbice para servir como espía del BND, agencia de inteligencia exterior alemana en los años 60 junto con otros exnazis, al mismo tiempo que representaba a varias firmas comerciales alemanas.
En los años 70 una de ellas era la empresa de fabricación y distribución de armamentos austriaca Steyr-Daimler-Puch. Gracias a ellos, negoció con el gobierno de Bolivia entre 1978 y 1980, la adquisición de 42 coches de combate, tanquetas y suplementos que finalmente compraría las Fuerzas Armadas.
Historia paralela
En Bolivia empezó a ser frecuente la irrupción de personajes alemanes con historias particulares. Una de ellas, la de la familia Ertl, compuesta por Monika Ertl, guerrillera radical del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, post-guevarista, hija del fotógrafo Hans Ertl, emigrado también a nuestro país en la posguerra.
Hans colaboró con la cineasta pronazi Leni Rifenshtal en el célebre filme propagandista Olympia, ganador del León de Oro en Venecia. También trabajó en el norte de África con el Mariscal Erwin Rommel. Ya en Bolivia, después de vivir algunos años en La Paz, y habiendo enviudado, el fotógrafo decidió trasladarse a las tierras tropicales de la Chiquitanía, para vivir allí el resto de su vida como ermitaño.
A Monika, su risueña y guapa hija, joven aprendiz de fotógrafa, se le atribuyen los dos disparos certeros de bala al coronel boliviano Roberto Toto Quintanilla en Alemania, como venganza por haberle cortado las manos del Che Guevara al poco de morir éste, como prueba irrefutable de identidad.
Quintanilla, al momento de ser abatido en 1972, era titular del consulado boliviano en Hamburgo. Coincidentemente, era íntimo amigo de Barbie y de su hijo, Klaus Georg Altmann, quien trajo el cuerpo del amigo finado en avión para darle sepultura en Bolivia.
 Cuando Monika Ertl volvió a Bolivia clandestinamente, sin que las policías alemana ni boliviana supieran de su paradero, fue vista en La Paz por Álvaro de Castro, amigo y secretario personal de Klaus Altmann, con quien se encontraba en ese momento, evitando ser reconocidos. Altmann acudió a un teléfono público para denunciar la presencia de la guerrillera en suelo boliviano al coronel Rafael Loayza, jefe del Servicio de Inteligencia del Estado, especialista en interrogatorios e investigación política, y funcionario del Ministerio del Interior. A los dos días del hecho, se supo por la prensa que Monika Ertl murió, no habiendo recibido su hermana Beatrix Ertl noticias del paradero del cadáver hasta el día de hoy.
Buscando al gurú
Por el Café del Club La Paz, frecuentado a fines de los años 70 por círculos clandestinos de extrema derecha afiliados a la Unión Mundial de Nacionalsocialistas, pasaron militantes de la organización neofascista española Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE), los terroristas italianos Stefano Delle Chiaie, Emilio Carbone y Pierluigi Pagliae, implicados en los atentados  de la estación de trenes de Bolonia y el de Piazza Fontana (85 y 17 muertos, respectivamente), además de otros neonazis alemanes, argentinos, ecuatorianos, belgas, suizos y franceses.
Con estos visitantes, formaron un grupo de choque autodenominado Los Novios de la Muerte, adoptando el nombre en tono de broma, en referencia a una vieja canción de la legión española, apoyando el sangriento golpe de Estado del general Luis García Meza en 1980, en coordinación con el ministro del Interior Luis Arce Gómez, quien hizo célebre la idea de que en Bolivia todo subversivo “debía andar con su testamento bajo el brazo”.
Sobre Arce Gómez, recluido en penales de máxima seguridad desde hace varios años, hay acusaciones comprobadas de narcotráfico, terrorismo de Estado y en sus inicios, de presunto asesinato.
Ante estas imputaciones, De Castro alega desconocimiento: “él era amigo, hemos trabajado juntos; yo he escuchado cosas [en referencia a algunos asesinatos a sangre fría], pero no estoy seguro; he escuchado solamente”. Barbie por su parte recuerda en una carta desde la cárcel francesa, el encarcelamiento del exministro del Interior Arce, victimizándolo: “Pobre Arce Gómez, la forma como se ha producido su ´llegada` hacia los EEUU es más que rara… Cuál será la suerte del pobre Arce Gómez”.
 Sobre los paramilitares extranjeros que colaboraban en Bolivia recuerda Álvaro de Castro: “el narcotráfico, que pagaba mejor, se los llevó a Santa Cruz [Arce], ya aburridos de la burocracia gubernamental. Los contrató Roberto Suárez, el Rey de la Cocaína”.
Cambio de vientos
La suerte de Barbie cambiaría a partir de revelaciones en la prensa internacional, fundamentalmente los trabajos de periodismo de investigación de Mike Wallace con el aún hoy líder de audiencia en Estados Unidos, 60 Minutes, y los reportajes de Peter McFarren y del periódico Última Hora.
Ello, unido al retorno a la democracia en octubre de 1982, permitió que el gobierno francés, de una forma oscura en sus formas legales, recuperara a Barbie juzgándolo y sentenciándolo a cadena perpetua.
Barbie ya nunca se desvincularía de Bolivia, ni de sus amigos, con quienes intercambió abundante correspondencia en la que trataba temas ramplones, cotilleos y novedades de la actualidad política, pero que delimitan su contexto psicológico.
En más de 100 cartas se refleja la tristeza y abatimiento de un Barbie derrotado. Pide ayuda a senadores, jueces y empresarios, que una vez encarcelado parecen haberlo olvidado.
En aquel avión que partiría de la base militar de El Alto, un 4 de febrero de 1983, con destino a Francia, Barbie lucía desprotegido, aupado por una vieja manta y sin el paracaídas de otros tiempos. Aún así, le respondió al periodista Carlos Soria Galvarro su última pregunta en Bolivia: “¿No se arrepiente de nada de lo que ha hecho en la vida?” –No. Personalmente, no.





[i] Fadrique Iglesias es autor, junto con Peter McFarren, del libro Klaus Barbie, un novio de la muerte (Plural, 2014).

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