6 de febrero de 2016

Colombia: de Betty la fea a los Oscar


Publicado en Página Siete.

Hace unas semanas, la academia del cine norteamericano anunció -como cada enero- su lista de películas nominadas a los Oscar. En la categoría de mejor película de habla no inglesa  compitieron 81 obras, que representaron a las academias de cine de sus respectivos países, de las cuales cinco fueron nominadas, una de ellas El abrazo de la serpiente, primer largometraje colombiano en la historia en ser finalista. 

Ello significa un impulso y validación importante, sobre todo en términos comerciales y de alcance masivo, pues gracias a la crítica ya se sabía que tenía atributos interesantísimos como su fotografía o la cosmovisión que narra su guión. 
Ahora bien, cabe destacar la obviedad de que las estatuas que da Hollywood o los premios Nobel no caen de los árboles, ni son fruto de la mera densidad, sino de emprendimientos privados y de los caminos más o menos pavimentados que deja la administración pública, cuando ésta entiende que la cultura es un bien público necesario. 
Hay que resaltar que Colombia trabaja este tema desde hace años. En 2003 se aprobó su Ley de Cine, que se acompañaba a otra norma precedente, la Ley Cultura de 1997, y que se verán complementadas en breve por la Ley Naranja (aún en el Congreso), referida a industrias y emprendimientos creativos. 
Esta legislación, a su vez, es puesta en práctica por distintos entes públicos (Ministerio de Cultura, Ministerio de TICs,  Sistema de Información y Registro Cinematográfico, Consejo Nacional para las Artes y la Cultura en Cinematografía), pero también (y con mucho ímpetu) por iniciativas privadas, práctica menos común en países de herencia latina. Hoy Colombia tiene un gigante de la TV que coproduce documentales y telenovelas como Caracol. Tiene un mercado audiovisual como el de Bogotá (BogoMarket), y el festival de cine móvil más importante de Sudamérica –SmartFilms–. En Colombia este año se realizará el foro del Mercado de Industrias Culturales del Sur (MICSUR), que aglutina a 10 países, entre ellos el nuestro. Muchas cosas sucediendo.
Colombia lleva tiempo también trabajando en la obtención de datos y en la recolección de información cultural y creativa. Fueron de los primeros en América Latina en homogeneizar su información y adaptarla a la contabilidad nacional a través de las llamadas "cuentas satélites” o de tratar de forma seria el asunto de los derechos de autor.
Los colombianos han entendido estos esfuerzos en la promoción del cine nacional no como acciones aisladas, ya que la cultura y la creatividad emanan de un ecosistema que facilita la generación de ideas y su puesta en práctica. No es casual que se ponga frecuentemente el ejemplo de Medellín como ciudad inteligente en una multiplicidad de foros, ni que Colombia tenga una de las redes de bibliotecas más importantes de América Latina y el Caribe. 
El cine colombiano, luego de décadas a la cola del cine argentino, mexicano, brasileño y hasta chileno, parece haber despertado. No por la nominación de una película a la academia norteamericana, que es la guinda del pastel, sino por la ebullición que hay en aquel país.
Se trata de algo más que una lluvia pasajera. Parece que la industria audiovisual colombiana superó el efecto Betty la fea o la moda de la cumbia y que ahora es un asunto de Estado. 

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