31 de marzo de 2016

Mitos y realidades del deporte boliviano



El deporte boliviano debería estar de fiesta, pero nadie parece haberse enterado. Los últimos 12 meses constituyen la mejor temporada a nivel olímpico de nuestra historia contemporánea. En un país acostumbrado a nunca tener deportistas entre los primeros 15 del mundo, el primer paso hacia el "éxito” es obvio: participar. Y por ello vale la pena aclarar algunos mitos.

Mito 1: "A pasar papelones, mejor que Bolivia ni vaya”. Realidad: Desde hace años, en un afán del Comité Olímpico Internacional  por universalizar el deporte, nos acostumbramos a mandar a nuestro "representante menos malo” -entre quienes me incluyo-, premiando su destacada labor por encima del resto. Era un reconocimiento al esfuerzo individual, no a la mediocridad nacional. Hoy estamos un peldaño por encima y nuestros invitados de siempre y los nuevos han tenido un ascenso de categoría, clasificando directamente. 
 
Mito 2: "Somos unos inútiles”. Respuesta: No. En el último año, ya se han clasificado para los Juegos de Río siete deportistas, cinco de marcha atlética -Carlos Quispe, Wendy Cornejo, Claudia Balderrama, Ángela Castro y Marco Antonio Rodríguez-, Rudolf Knijnemburg de tiro deportivo y la nadadora Karen Tórrez. Todo un récord y una alegría para todos, pues tener a tantos bolivianos en la élite mundial es un éxito sin precedentes para Bolivia. 
 
Mito 3: "Tenemos buenos resultados en otros deportes y participamos en los malos”. Respuesta: Los Juegos Olímpicos de verano son el único momento en el cuatrienio en que se miden las dimensiones del deporte de alta competición, con el mayor rigor posible. Desde hace décadas el olimpismo ha tratado de incluir las disciplinas más representativas. Quedan fuera de esta contabilidad dudosos campeonatos "latinoamericanos”, copas con nombres rimbombantes, deportes de alcance geográfico limitado y otras actividades de la industria del entretenimiento alejadas de la carta ideada por el Barón de Coubertin. Seguramente se podrían incluir en la lista deportes ausentes, pero hay que trabajar también para eso. 
 
Mito 4: "Nuestros atletas son socialmente invisibles por falta de carisma y autoestima”. Realidad: su escasa valoración social se debe en parte a la incapacidad de las federaciones, de la prensa y de las unidades familiares a la hora de construir un relato que explique el hecho deportivo mismo -en su vertiente lúdica-, y lo coloque en su justa medida en referencia al nivel de competitividad internacional. 
 
Mito 5: "Es un momento bueno porque hay dinero”. Realidad: los responsables de estos avances -además de los deportistas y sus familias- son tres entrenadores que siguen cobrando migajas. Repito el caso de la entrenadora Martha Marín, responsable de tantos clasificados olímpicos como todos los logrados en cuarto de siglo previo. 
 
Mito 6: "Este año les va bien porque llevan meses entrenando”. Realidad: ninguno de los siete deportistas lleva "meses” entrenando, como a menudo se suele insinuar, sino años. De hecho, Karen Tórrez ya estuvo cerca de participar en los Juegos de Beijing, hace ocho años, cuando era campeona nacional absoluta con 15 años. Los ciclos olímpicos son procesos de largo plazo. 
 
Mito 7: "Hay que dar oportunidad a nuevas promesas”. Ello tendría lógica en un contexto en el que el azar es muy decisivo, pero a niveles internacionales y en deportes contrarreloj con poco margen de variabilidad, se debe enviar al atleta más cualificado sin importar la edad, pues esta variable no puntúa.
 
Y eso no tiene nada que ver con el estado mental, el "secreto” que venden los Paulos Cohellos, sino con otras variables más oscuras incluso, como el mismo dopaje, aunque no en todos los casos. 
 
Es hora de derribar mitos y la forma más fácil de hacerlo es yendo a los campos deportivos para jugar, gritar y aplaudir.