7 de agosto de 2016

El alto al fuego de Carina García Kradolfer.


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Con Carina coincidí en los Juegos Panamericanos de Río 2007. Es de esas deportistas que cuando compite, por fuera parece jugadora de póker, aunque por dentro lleve una procesión. Lo maneja muy bien, con sencillez. Lo camufla sin problemas, de un modo diplomático.
En los concursos deportivos, como competidor, sueles estar preparado para tener entre el público a amigos, familiares, algún vecino, y muchos desconocidos, para quienes tú también eres desconocido y a veces el enemigo. En el fútbol, si eres argentino, brasileño o británico, también tienes a hooligans o “torcedores”, como los llaman en Río. Hay deportes más refinados, como el tenis o el golf, donde tu público está formado por empresarios. 
En el tiro, sin embargo, sueles tener a aficionados realmente interesados en la disciplina, a conocedores del oficio.

Esta mañana una tranquila -en principio- Carina García, era la encargada de ser la primera boliviana en abrir fuego en estos Juegos Olímpicos, y tenía entre sus fans a ilustres de la diplomacia como Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional, y a Ban Ki Moon, Secretario General de Naciones Unidas, quien se acercó a la pista exclusivamente para verla participar.
Precisamente en una de las ramas alimentadas por la ONU, la Organización Mundial del Comercio trabaja de lunes a viernes como consultora de acceso a mercados –en el International Trade Centre—la especialista boliviana de tiro, en la categoría de carabina de aire. Maneja varios idiomas indistintintamente, ya sea francés, inglés y por supuesto castellano.
Se trata de una deportista atípica. Vive desde hace nueve años en Suiza, donde hizo una maestría en Economía por la Universidad de Friburgo. 
La participación de esta boliviana de 31 años, reflexiva, lectora y aficionada al hicking, fue muy positiva. Su prueba rclasificatoria la ganó la china Du Li con un nuevo récord olímpico: 420,7 puntos, aunque luego sería medalla de plata. Karina, con 405,6 quedó en el puesto 44 muy cerca de su marca personal, ganando a las competidoras de Bután, Cuba, India, Kosovo, Egipto, Brasil y Andorra.

Tras darle al gatillo, a la hora del desayuno, respiraría tranquila y aliviada, volviendo a su modo sereno y confiado. Buen resultado. Como siempre, diplomática y educada, guardaría sus armas en la mochila -como cuando hacía danza de pequeña en La Paz-, cambiando esa cara de jugadora de póker por su tranquila sonrisa nuevamente.

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